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Una apuesta por la innovación social

Para el avance de nuestros países, las innovaciones sociales (IS) ahora son una opción preponderante cuando se trata de satisfacer las necesidades sociales de una comunidad. La pobreza, exclusión social, desigualdad de género y el desempleo son solo algunos de los problemas que se han estado mitigando en diferentes partes del mundo por parte de innovadores sociales. El avance de este fenómeno global ha desencadenado, entre otras cosas, el surgimiento de diferentes iniciativas socioeconómicas y la reacción de múltiples actores, como ser gobiernos, empresa privada, ONG´s instituciones académicas y empresas sociales. Pero, ¿qué es una innovación social?


 Una IS se puede definir como cualquier iniciativa, producto, programa, plataforma o diseño que desafíe, y con el tiempo cambie rutinas definidas, los flujos de recursos y de autoridad, o las creencias del sistema social en el que se produce la innovación. En otras palabras, la motivación intrínseca para implementar una IS es la de satisfacer una necesidad social y crear un impacto positivo para las personas que se benefician de ella. Este tipo de iniciativas son desarolladas por emprendedores sociales, quienes son pioneros en la innovación dentro del sector social mediante la calidad emprendedora de una idea disruptiva. Los emprendedores sociales pueden ser individuos, grupos, redes u organizaciones, y entre sus principales objetivos está fomentar cambios sociales sostenibles a través de la innovación. No hay duda que los emprendedores sociales juegan un papel clave en el desarrollo de IS, sin embargo existe un elemento que es determinante para el éxito de los mismos: el ecosistema social. 


Un ecosistema social comprende la compleja red de individuos que interactúan en un espacio social dado. Para analizar entonces si el ecosistema social de un País o Región es adecuado para la implementación y crecimiento de una IS, es imprescindible tomar en cuenta, entre otros elementos, los proveedores de recursos. Ellos no solo proveen el capital, sino también el recurso humano, el conocimiento y la tecnología para apoyar a los emprendedores sociales. Asimismo, se deben considerar las barreras que se podrían encontrar a nivel del sistema. Para ello, es necesario analizar  las estructuras políticas y administrativas, el rol de la economía y el mercado, la geografía e infraestructura, así como factores sociales y culturales. Entre estos elementos, el más discutido es el de las estructuras políticas y administrativas, que establece las reglas del juego a través de las leyes y regulaciones establecidas, normas de procedimiento e instituciones.


A nivel de región, la Unión Europea continúa dando un buen ejemplo sobre la mejora sistemática de su ecosistema social regional. No solo se ha incorporado este tema a su agenda política, sino que también se han puesto en marcha iniciativas que coadyuvan al desarrollo de redes de emprendedores sociales y competencias regionales, oportunidades de financiamiento e incubación, e intercambio de conocimiento. Por otro lado, la región Latinoamericana también ha comenzado a ajustarse a este nuevo fenómeno. Las IS en la Región están cambiando el paradigma asistencialista por la co-creación de iniciativas inclusivas que sean más eficientes y efectivas en favor de las sociedades. Un ejemplo de ello son los países de Chile, México y Colombia, contando cada uno de ellos con 53, 201, 60 innovaciones sociales registradas en la base de datos de Ashoka, respectivamente. Los temas de enfoque de estas IS se encuentran dentro de diferentes áreas de trabajo, como ser participación cuidadana, educación, negocios, ambiente, y salud. 


En el caso de Centroamérica (CA), los datos de Ashoka permiten colegir que hay trabajo por hacer para catapultar los emprendimientos sociales en la Región. Actualmente hay un registro total de 34 IS, contando Costa Rica con la mayor cantidad de IS, seguido por Guatemala y El Salvador. Honduras es uno de los países con la menor cantidad de IS, registrando solamente una. Estos datos, si bien no son un indicador absoluto de la cantidad total de IS en el País, son un reflejo de que hay desafíos que los diferentes sectores deben superar conjuntamente para comenzar a utilizar la innovación como una herramienta para resolver los diferentes problemas sociales en Honduras.  


Si bien es cierto que el concepto de IS puede ser abstracto en un primer inicio, existe una gran cantidad de IS que permiten materializar y comprender con mayor profundidad el gran impacto social que las mismas crean. Tal es el caso de Iluméxico, una empresa social Mexicana dirigida por jóvenes emprendedores que lleva energía solar a comunidades rurales sobre la base de 4 pilares de innovación: tecnología solar, participación social comunitaria, accesibilidad de créditos para todos, y el innovador esquema de ilucentros para la distribución, servicio y mantenimiento de sus productos en las comunidades. Por otro lado, tenemos la empresa social chilena Triciclos, la cual desarrolla herramientas innovadoras para visibilizar el impacto ambiental de cada persona en su comunidad. Entre sus soluciones está Punto Limpio, que facilita a las comunidades un espacio donde las personas pueden llevar sus residuos inorgánicos destinados al reciclaje, y al mismo tiempo aprender sobre sustentabilidad, materiales, y consumo responsable. Algunos de sus Puntos Limpios están operados por recicladores de base en un modelo de negocio inclusivo.


El impacto social creado a través de las IS en otros países de la región latinoamericana, permite concluir sobre la necesidad de comenzar a posicionar el tema de la innovación y de los emprendimientos sociales en el discurso público de Honduras, con el fin de motivar a los hondureños a innovar y emprender para el bien social, así como promover la co-creación de iniciativas intersectoriales innovadoras. El elemento disruptivo de estas iniciativas desencadenaría cambios duraderos y sostenibles en la sociedad, los que irían creando el valor social que se necesita en el País.